20091228

-PADMASAMBHAVA Y LA ASTROLOGÍA

Del relato biográfico del Gurú Rinpoché citado en la anterior entrada, podemos deducir que su papel en relación a la astrología oriental es decisivo. Su vida se sitúa en un momento crítico, en torno al siglo VIII, entre la degeneración de esos conocimientos, convertidos en superstición y objeto de descrédito en ciertos períodos anteriores de la historia del Tíbet, y su revalorización posterior dentro del budismo tántrico, una vez reconocida su utilidad en beneficio de los seres humanos. Padma es el gozne entre ambos momentos de su evolución en la cultura tibetana. Recibió un encargo específico de Avalokiteshvara, el Budha de la compasión infinita: debía recuperar los tesoros astrológicos ocultos y ponerlos de nuevo al servicio de los humanos, una vez comprobado que suprimirlos provocaba terribles sufrimientos a nuestra especie. Sin embargo, el texto sugiere también algo importante, y es el riesgo de convertirlos en herramientas excesivamente valoradas, de manera que lleguen a ocupar el lugar de la que consideran la actitud justa en relación a la vida: aquella que indican las enseñanzas del Dharma budista. Padmasambhava, siguiendo la instrucción de Avalokiteshvara, recupera el conocimiento astrológico, pero lo considera y usa como una herramienta al servicio de la vida humana y su plenitud, y no como doctrina sagrada o verdad última. En la imagen, una antigua representación de Avalokiteshvara, con sólo seis brazos, aunque habitualmente se le representa con cientos de ellos en círculo alrededor de su pecho. El fragmento, en la página 190 de la edición citada en la entrada anterior, dice así:

"Cuando esas enseñanzas astrológicas, conocidas como "las enseñanzas que habían brotado de la cabeza del Bodhisattva Manjushri", se difundieron por todo el mundo, la gente se interesó tanto por ellas que el Dharma del Budha fue descuidado. Por consiguiente, Manjushri colocó todos los textos que contenían estas enseñanzas, en una caja de cobre encantada, y la ocultó en una roca al este del lado oriental de la Montaña de los Cinco Picos. Privada así de toda guía astrológica, la humanidad sufrió horrendas desgracias: enfermedades, acortamiento de la vida, miseria, esterilidad de los ganados y hambre.

Al conocer estas desdichas, Avalokiteshvara se dirigió a Padmasambhava y le dijo: "He renovado tres veces el mundo, y pensando que todos los seres eran felices, regresé a Ripotala. Pero ahora, cuando miro hacia abajo, contemplo tanto sufrimiento que lloro". Y Avalokiteshvara añadió: "Asume la forma de Brahma; y para el bien de las criaturas del mundo, ve y recobra esos ocultos tesoros".

Tomando la forma de Brahma, Padmasambhava se presentó a Manjushri y dijo: "Aunque no es realmente una parte del Dharma del Señor Budha, sin embargo, la astrología es enormemente beneficiosa para las criaturas terrenales. Por lo tanto, te ruego que saques los tesoros ocultos y me instruyas en ellos." Y Manjushri sacó los textos escondidos e instruyó e inició a Padma en todos ellos." Parece claro que aún distinguiendo entre doctrina budista y astrología como dos contenidos bien diferenciados, no se las presenta como enfrentadas y se considera a la segunda aceptable y benéfica para "las criaturas terrenales". Cuando leemos estas palabras, no queda sino reconocer que nos hablan desde una dimensión distinta a la humana, y quien habla lo hace mirándonos desde lo alto: no son de los nuestros, pero nos aprecian, y quieren para nosotros lo mejor. Si continuamos tirando del hilo, la deducción es inmediata: en la tradición tibetana, el conocimiento astrológico se presenta como de origen extraterrenal; quizá eso pueda hacerse equivalente a divino. O quizá no sea preciso, y baste con reconocerlo como caído del cielo. Para ellos, nació "de la cabeza de Manjushri", que a su vez, como el mismo Padmasambhava, nació de un loto gigante en el centro de un lago, después de la descarga de un rayo de luz vibrante procedente del cielo... Cada uno puede interpretar esta descripción como prefiera.

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